Espasmo del sollozo. Si eres mamá, ¡no te inquietes!
Un bebé contrariado, frustrado o asustado suele echarse a llorar. Entre los seis meses y los tres años, durante una crisis de llanto importante, algunos niños dejan de respirar, lo que desencadena el llamado espasmo del sollozo.
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Aunque impresionantes, estos espasmos no revisten gravedad, y la mejor manera de actuar cuando acontecen es mantenerse tranquilo, sin intervenir. Pero sobre todo “hay que desdramatizar”, según nos cuenta el pediatra francés Antoine Bourrillon, del Hospital Robert Debré, de París.
¿Cómo reconocer un espasmo del sollozo?
En dos tercios de los casos, el niño se vuelve azul, puede perder levemente la consciencia, se convulsiona y los ojos se le quedan en blanco. Pero rápidamente recobra el conocimiento y el color de piel normal. En ningún caso se trata de un ataque epiléptico.
Otras veces, bajo el efecto de la emoción, el niño empalidece y su ritmo cardiaco se ralentiza. Pero ninguna de las manifestaciones que producen estos espasmos deja secuelas en el organismo. Los niños afectados por el espasmo del sollozo son aquellos cuyo nervio neumogástrico –también llamado nervio vago– se estimula de manera demasiado fuerte y anormal.
¿Qué actitud adoptar ante un espasmo del sollozo?
Durante una crisis, recomiendo, en un primer momento, dejar llorar al niño, para después acercarse a él, mimarlo y tranquilizarlo. Si las crisis de repiten, entonces lo mejor es habituarse a ellas y prestarles la menor atención posible. Lo cual es más fácil de decir que de hacer…
La primera vez que vemos al niño en el suelo, quieto, azul y rígido, es difícil no preocuparse. Sin embargo, no hay nada que se pueda hacer. No se le debe dar un masaje cardiaco ni hacerle el boca a boca. Tampoco sirve de nada ponerle un paño de agua fría o darle golpecitos en las mejillas. Lo importante es saber que el niño no se va a morir y que enseguida vendrá en sí. Los padres no deben sentirse culpables.
De manera general, los tratamientos son innecesarios. Pero si las crisis son anormalmente frecuentes y severas en intensidad, y si se acompañan de convulsiones, entonces es recomendable acudir al médico para que éste realice un electrocardiograma que descarte la existencia de una anomalía cardiaca.
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