Higiene íntima y pérdidas urinarias
Luego de un parto o durante la menopausia, las pérdidas urinarias se hacen frecuentes; pero este problema, que puede dificultar la vida diaria y que a menudo es tabú, puede tratarse. Doctissimo repasa las reglas de higiene íntima y las soluciones para minimizar este inconveniente.
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La incontinencia es un problema que afecta a muchas mujeres, y puede tener consecuencias psicológicas importantes. Una buena higiene y algunas protecciones adaptadas pueden mejorar la cotidianeidad de quienes la padecen. Sin embargo, en algunos casos la reeducación perineal o la intervención quirúrgica son necesarias.
Higiene íntima y pérdidas urinarias
Luego de un parto o durante la menopausia, los músculos del perineo se debilitan y las mujeres comienzan a padecer incontinencia urinaria permanente o cuando hacen esfuerzos (al reírse, estornudar o hacer deporte). De modo que la higiene deviene algo fundamental. Los olores que provoca la incontinencia llevan a muchas mujeres a lavarse más a menudo de lo normal. En caso de aumentar la frecuencia de los lavados, es recomendable hacerlo sin jabón. El uso de geles o jabones apropiados sólo se recomienda una o dos veces al día, ya que utilizarlos en exceso puede generar condiciones favorables para el desarrollo de gérmenes. Las duchas vaginales están totalmente prohibidas por la misma razón.
El uso de protecciones para la incontinencia es muy útil. Existen muchos modelos en función de la importancia de las pérdidas y casi todos absorben el olor de manera eficaz. Las protecciones pueden cambiarse entre una y varias veces al día. Pero si las pérdidas urinarias invalidan a la mujer, es conveniente recurrir a otras soluciones.
Reeducación y cirugía
Llevar protección no es la única solución contra las pérdidas urinarias: existe también la reeducación del perineo. Ésta consiste en reforzar la musculatura del perineo para que recobre su función de control. Hay ejercicios sencillos que pueden practicarse en casa, por ejemplo, tratar de controlar el chorro de pis mientras se orina. Si estos ejercicios no son suficientes, un kinesiterapeuta puede proponer sesiones de ayuda con sondas que se introducen en la vagina. La primera técnica, llamada electroestimulación, consiste en estimular eléctricamente la musculatura perineal; la otra, la bioretroalimentación, también requiere de una sonda, con la que la mujer evalúa la eficacia de sus contracciones a través de una pantalla o una señal sonora. De este modo, la mujer aprende a contraer los músculos correctos. Estos métodos no suponen dolor y suelen frenar las pérdidas urinarias.
Si la reeducación no funciona, la única manera de tratar la incontinencia es la cirugía, eficaz en el 90 % de las pacientes. En el caso de que las pérdidas sean por esfuerzo, el urólogo puede colocar unas fajas sintéticas que comprimen la uretra cuando se hace un esfuerzo. Esta intervención se hace con anestesia local y la mujer sale del hospital el mismo día. En cuanto al resto de las pérdidas, si los tratamientos con medicamentos resultan ineficaces, se puede colocar un esfínter artificial.
Sarah Laîné
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