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La cirugía del prolapso evoluciona

El prolapso hace referencia al desplazamiento de los órganos. El más común es el prolapso uterino, por el cual la matriz desciende hacia el área vaginal. Hoy en día existen nuevos tratamientos para poner solución tanto a los primeros episodios de este problema como a las recidivas. El cirujano y urólogo francés Adrien Vidart, del hospital Foch de Suresnes (Francia), nos los cuenta.

Descenso de los órganos: nuevas pacientes

La cirugía del prolapso evoluciona
© Thinkstock

La vejiga, el útero y el recto suelen mantenerse en su sitio gracias a una estructura formada por músculos y ligamentos que los sostienen. El debilitamiento del perineo conlleva una sensación de pesadez en la vagina y puede provocar complicaciones (molestias cada vez mayores, infecciones, hemorragias, úlceras en los órganos visibles, etc.). Los factores de riesgo son los partos vaginales, la menopausia, la edad y el debilitamiento hereditario de los tejidos conjuntivos; en menos medida también afectan la falta de actividad física, el tabaco, la obesidad y el estreñimiento.

Antiguamente, el prolapso se vivía en secreto o como una maldición femenina o familiar; hoy día, el problema va dejando de ser tabú, gracias al cambio en los estilos de vida y a la mayor esperanza de vida. “Muchas mujeres que lo sufren trabajan y tienen una sexualidad plena. De manera que, para tratarse el prolapso, recurren a la cirugía de manera natural. Las pacientes son cada vez más jóvenes y no viven el debilitamiento del suelo pélvico como una tragedia. Por otra parte, la menopausia ya no es sinónimo de sexopausa, como solía ocurrir antes. Tenemos pacientes mayores de 75, una edad en la que el sexo no necesariamente pasa al olvido”, precisa el doctor Vidart.

La cirugía, el tratamiento más duradero

El tratamiento del prolapso depende de la molestia que se sienta. “Si no hay síntomas es posible recurrir a una simple reeducación perineal, lo que ayuda a reforzar los músculos que sostienen los órganos. El inconveniente de esta técnica es que no cura el prolapso. Por eso, lo más frecuente es recurrir a la cirugía”, precisa Vidart.

Otra solución no quirúrgica es el uso de un pesario, que se coloca para sujetar los órganos. Solían ser de caucho pero ahora comienzan a ser de silicona. La forma más corriente es la de un anillo, pero hay otros en forma cúbica. Pero la sensación de llevar un cuerpo extraño en la vagina y las irritaciones que produce hace que el pesario sólo lo utilicen las mujeres que rechazan la cirugía o que no pueden someterse a ella”, explica el cirujano.

Sólo la cirugía permite tratar el prolapso de manera duradera. Esquemáticamente podemos hablar de dos técnicas quirúrgicas diferentes:

  • La que se practica vía abdominal, que puede hacerse de dos maneras: mediante laparotomía, que implica una abertura en el abdomen, o mediante laparoscopia, que implica el uso de un aparato óptico que se introduce a través de una pequeña incisión practicada en la pared abdominal. Esta opción permite reducir el tamaño de la incisión, el tiempo de hospitalización y, por tanto, los efectos secundarios.
  • La que se practica vía vaginal, que inicialmente se reservaba a las mujeres mayores, pero que ahora, gracias a los avances médicos, es posible aplicar a las pacientes más jóvenes también.

Para restaurar la zona se posible hacer uso de los tejidos autólogos, es decir, de la propia paciente. Pero si la cantidad de tejido es insuficiente se puede recurrir a prótesis, para limitar el riesgo de recidiva. Las prótesis funcionan como “hamacas” bajo la vejiga y están en permanente evolución.

“Este tipo de tratamiento representa una parte importante de la actividad de los urólogos hoy día. Se estima que, en 2011, se practicaron unas 34 000 operaciones por vía vaginal y 13 00 por vía abdominal”, precisa Vidart.

¿Son seguras las prótesis transvaginales?

En 2011, la Food and Drug Administration (FDA) expresó algunas inquietudes respecto de las prótesis que se utilizan en la reparación del prolapso. La agencia americana publicó documentos y notificaciones acerca de estos aparatos postizos y estimaba que la eficacia de su uso era incierta y que no estaban libres de riesgos1. En Francia, el Collège National des Gynécologues Obstétriciens Français (CNGOF) también publicó ese mismo año algunas recomendaciones relacionadas con la prevención de las complicaciones quirúrgicas derivadas de las prótesis para el prolapso, reconociendo el riesgo eventual de esas intervenciones sin por ello poner en duda su eficacia2. “Hoy día, las prótesis, como los dispositivos médicos, deben contar con el sello CE y AFNOR”.

Tras el escándalo de las prótesis PIP, las agencias de seguridad sanitaria han redoblado la vigilancia sobre las prótesis médicas, de manera que, en líneas generales, se cuenta con material seguro”.

El tratamiento de las recidivas

El tratamiento tiene una duración media de unos 10 años. Dado el aumento de la esperanza de vida y la desaparición del tabú que rodeaba a este problema, los urólogos tratan cada vez más recidivas de prolapso en mujeres jóvenes. “Cuando hay recidivas, suele repararse el tratamiento anterior (un tercio de los casos). Es necesario reparar lo que se ha roto, lo cual no necesariamente se hace mediante la misma vía. Si se trata de un problema diferente del original (vejiga, útero o recto), se lo trata como si fuera el primero (un tercio de los casos). Hay un último tercio de casos en los que el problema es mixto y se combina la reparación con el tratamiento de un nuevo problema”, precisa Vidart.

“En este campo, mucho más que en otros, la técnica debe adaptarse a la paciente y a la patología y no al revés”, concluye el médico. Este problema no debe vivirse como una fatalidad, ya que existen muchas soluciones quirúrgicas que ofrecen a las pacientes soluciones duraderas”.

D. Bême

1 Urogynecologic Surgical Mesh: update on the safety and effectiveness of transvaginal placement for Pelvic Organ Prolapse - FDA – julio de 2011 (accesible en línea).

2 Recomendaciones para la práctica clínica - Prevenir las complicaciones de la cirugía con prótesis del prolapso - CNGOF - diciembre de 2011 - J Gynecol Obstet Biol Reprod 2011; 40:693-962. (accesible en línea)

Publicado el 15/01/2013Comentar

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