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Tratamiento de la obesidad

Para conseguir reducir la obesidad, o hacerla desaparecer, se puede recurrir a varios tratamientos. El más usual es el seguimiento estricto de una dieta, pero también se pueden usar medicamentos e incluso ayudarse de la psicología. Hacer ejercicio es muy importante para llevar a cabo cualquier intento de adelgazar. En los casos más severos, la intervención quirúrgica suele ser eficaz.

Tratamiento dietético o dieta

Tratamiento de la obesidad
© Thinkstock

La dieta es la base fundamental del tratamiento y debe ser siempre individualizada.
Hay que analizar a cada obeso en particular para que toda modificación de los hábitos de nutrición y formas de alimentación respete los posibles elementos positivos que contenga. Además, dentro de lo posible se debe intentar una adaptación a los gustos, costumbres y presupuesto económico de cada persona ya que, de lo contrario, el número de fracasos será elevado.
Habrá que explicar los errores dietéticos que se encuentren y justificar las restricciones que se indiquen.
Por lo general es más aconsejable hacer cinco comidas al día, pues así se acortan los períodos de hambre, entre otros beneficios de tipo metabólico. El consumo de alcohol debe prohibirse por su exceso de calorías, así como las bebidas con cafeína, que estimulan el aumento de ácido en el estómago y el apetito. Los cambios en la dieta tienen que ser paulatinos y pactados de antemano.
Existen varios tipos de dietas para evitar la obesidad:

Dietas equilibradas hipocalóricas

Es el modelo de dieta más recomendable. En estas dietas, las calorías que se ingieren se calculan sobre la base de conseguir un peso que nos resulte al final en un IMC de 25 kg/m 2 , y a partir de ellas se irán reduciendo en función de la actividad física y la
edad. Sobre el total de calorías final se efectúa una reducción de un 30 o un 40 % y se reparte así: un 20 % de proteínas, un 50 % de hidratos de carbono y un 30 % de grasas.
Con ello se consiguen pérdidas de hasta medio kilo por semana, y son bien aceptadas por los pacientes.

Dietas muy bajas en calorías

Son dietas bastantes populares. Pueden prepararse con alimentos naturales o bien utilizar fórmulas ya comercializadas. Consisten en diversas combinaciones de proteínas de alto valor nutritivo que proceden de la leche o de los huevos, con pocos hidratos de carbono, minerales y vitaminas.
Acostumbran a ser de 150 a 600 Kcal. Tienen la ventaja de que pueden sustituir a las comidas normales durante un período de tiempo limitado, y consiguen importantes y rápidas pérdidas de peso (1 o 2,5 kg/semana), pero también de musculatura, por lo que no se pueden usar más de dos meses y se deben completar con un intensivo programa de ejercicio. Son para personas jóvenes y sanas y no sirven para obesos de mucho tiempo de evolución.

Dietas hiperproteicas estrictas

Consisten en el aumento total de proteínas en una dieta de pocas calorías. Tienen muchas contraindicaciones y pueden dar lugar a tensión muy baja, calambres musculares, problemas de corazón, aumento del ácido úrico, etc.

Dietas no aconsejables

Son dietas muy desequilibradas que a la larga resultan peligrosas y no sólo no consiguen cambiar los hábitos, sino que incluso acentúan los errores. Antes de cada verano aparecen nuevas dietas que carecen de fundamento científico y sí económico.
Algunas de ellas son las siguientes: Dieta basada en el cálculo de calorías. Comer lo que apetezca y agrade mientras no se pase de un determinado número de calorías.
Dieta Atkins o hipergrasa. Supresión de los azúcares de la dieta.
Dieta de la Clínica Mayo. Se sigue durante trece días, es muy desequilibrada y nada tiene que ver con la Clínica Mayo. Es una variante de la dieta hiperproteica, con elevado consumo de proteínas y bajo en grasa e hidratos de carbono.
Dieta disociada. Se trata de comer cada día de la semana un alimento distinto (lunes, pescado; martes, leche...). No tiene ningún fundamento y resulta muy peligrosa.
Dieta Shelton. No comer al mismo tiempo ácido y almidón; ácido y proteínas; azúcar y almidón... Se trata de una dieta muy desequilibrada.
Ayuno absoluto. Conlleva mucho riesgo.
Dieta Montignac. Se basa en una importante reducción de los hidratos de carbono que se sustituyen por las grasas. A la larga produce pérdida de masa muscular, trastornos de colesterol, entre otros trastornos.
Régimen Scardale. Sólo se ingieren carnes, frutas y verduras durante catorce días.
Es muy desequilibrada.

Tratamiento farmacológico

Los fármacos nunca deben ser de primera elección en el tratamiento de la obesidad, pero si hay que recurrir a ellos obligatoriamente, se necesita saber algunas cuestiones:
Los extractos de hormona tiroidea y los diuréticos no han demostrado ser útiles a largo plazo y tienen muchos efectos secundarios, por ello no deben usarse.

Para algunos obesos en quienes la ansiedad o la depresión obstaculiza la correcta realización de una dieta, son eficaces los medicamentos contra la ansiedad (ansiolíticos) y los antidepresivos, como la fluoxetina, para mejorar el problema de base.

La fibra vegetal y la metilcelulosa resultan útiles porque provocan sensación de saciedad y poseen un efecto laxante, aunque no se ha demostrado su eficacia a largo plazo.

La sibutramina es un nuevo medicamento, con efecto sobre algunos agentes químicos del cerebro (neurotransmisores), que produce disminución del apetito, pero existe muy poca experiencia de uso y se desconocen los efectos a largo plazo.

Otro fármaco, el orlistat, actúa sobre algunos componentes del intestino y hace que en ese tramo del organismo se absorban menos las grasas, con lo cual se eliminan con las heces.

El efecto antiobesidad de otros medicamentos, como la metformina o la acarbosa, se debe a un mecanismo similar de inactivación de componentes digestivos y, por consiguiente, a la disminución de absorción de nutrientes.

Además del ejercicio, que favorece el consumo de calorías, también se pueden tomar medicamentos (andrógenos, gonadotropina coriónica, efedrina-cafeína, fenilpropanolamina y tiroxina) que hacen que el gasto energético se incremente al aumentar el rendimiento del metabolismo, pero sus efectos secundarios pueden ser muy graves y no se deben usar para adelgazar.

Tratamiento psicológico

Este tratamiento busca modificar las conductas alimentarias basándose en la hipótesis de que toda conducta es aprendida y, por tanto, es modificable. Se intenta identificar, intervenir y cambiar las circunstancias y situaciones que mantienen una conducta inadaptada y que impulsan a comer en la actualidad.
Este tipo de abordaje del problema parece imprescindible, pues es aquí donde fracasan
casi todos los abordajes terapéuticos.
Los mejores resultados parecen obtenerse mediante sesiones de grupo apoyadas por un terapeuta, que combinan:
-Asesoramiento dietético y ejercicio físico.

-Autocontrol por parte del paciente de peso, consumo de alimentos y circunstancias vitales acompañantes, ejercicio físico. Registro diario escrito.

-Determinación del peso diario de cada persona en grupo a cargo de otra persona, comentando los cambios ocurridos respecto a la sesión anterior.

-Discusión de dietas, vivencias personales y otros temas.

-Establecer los objetivos para otra sesión.

Tratamientos quirúrgicos

El tratamiento de la obesidad convencional (dieta, tratamiento psicológico, ejercicio físico y fármacos) cuando se realiza en obesidades de IMC de más de 40 kg/m 2 tiene un índice de fracasos a medio plazo muy elevado, aparte de que estos pacientes necesitan pérdidas muy importantes para reducir sus complicaciones.
El paciente candidato a este tipo de cirugía debe cumplir los siguientes requisitos:
-Edad superior a los 18 años.

-Obesidad de larga evolución, de más de cinco años.

-Fracaso previo de otros métodos tradicionales.

-IMC superior a 40 kg/m 2 .

-IMC entre 35 y 40 kg/m 2 con enfermedades asociadas que puedan mejorar tras la cirugía.

-Sin patología psiquiátrica, como la bulimia.

-Sin patología digestiva, tipo úlcera o tumores.

Se emplean varias técnicas, cada una de ellas con una eficacia y unos resultados diferentes:
Fijación mandibular. Se basa en dificultar la masticación durante cierto tiempo. Es efectiva a corto plazo porque impide comer cantidades voluminosas, pero no se puede mantener mucho tiempo. Sólo se usa cuando se necesitan pérdidas de peso importantes
y en poco tiempo, generalmente porque hay que realizar alguna operación. Discretos resultados.

Balón gástrico. Se coloca un balón en el interior del estómago y luego se llena de aire, logrando un incremento de la saciedad. No es muy útil pues, aparte de que se puede lesionar el estómago, cuando se retira se come más que antes.

Liposucción y lipectomía. Extirpación de los pliegues excesivos de grasa, preferentemente abdominal. Es sólo un tratamiento estético, que quizá mejore la percepción que tiene el paciente de su imagen física. A veces aparecen complicaciones del balance de líquidos en el organismo.

By-pass intestinal. Esta técnica consiste en cortar un trozo de intestino y luego empalmar directamente ambos segmentos, ahorrándose el camino intermedio y, por tanto, dejando menos posibilidades de que el alimento se absorba, siendo finalmente eliminado. Fue la primera técnica quirúrgica que se realizó pero, a pesar de que es muy efectiva, conlleva muchísimas complicaciones y un riesgo muy elevado para el paciente.

Gastroplastia vertical anillada. Se coloca un dispositivo alrededor del estómago (como un anillo) que lo aprieta por fuera y que disminuye su capacidad gástrica.
La complicación más frecuente que tiene este procedimiento son los vómitos.
Probablemente es la técnica quirúrgica de elección cuando todos los sistemas fracasan.
El problema de la intervención quirúrgica es que conlleva algunos riesgos y que puede haber complicaciones. Los más habituales son: –Vómitos.
–Aparición de litiasis vesicular (piedras en la vesícula biliar).
–Úlceras.
–Reflujo gastroesofágico. Parte del contenido del estómago vuelve a la boca.
–Dolor abdominal.
–Las prótesis que se colocan en la cirugía (anillos, etc.) pueden quedar dentro del estómago y con el tiempo dar problemas.
–Problemas nutricionales causados por la no absorción de algunos alimentos al «pasarse» su zona intestinal de absorción, lo cual produce cansancio, problemas de caída de cabello, uñas frágiles, etc.
–Anemia por falta de absorción intestinal de hierro, ácido fólico o vitamina B12.
–Problemas neurológicos en pacientes con vómitos frecuentes e intolerancia digestiva, en especial por la no absorción de la vitamina tiamina.
–Inadecuada pérdida de peso. Generalmente ocurre por estar mal indicada la técnica debido a la dilatación del estómago restante, un anillo demasiado amplio, excesivo consumo de alimentos líquidos ricos en calorías o de alcohol.
–Trastornos del hígado, sobre todo por acumulación de grasa en él.
–Trastornos de los líquidos y los minerales del organismo, en particular a causa de los vómitos y la diarrea que pueden hacer que se pierda calcio, magnesio y potasio.

Cirugía bariátrica. Se trata de una técnica quirúrgica muy reciente que empieza a ser popular, y consiste en la extirpación de parte o todo el estómago con objeto de que se ingieran mínimas cantidades de alimento y se reduzca la ingesta calórica.

Ejercicio físico

No hacer ejercicio favorece el ahorro de calorías y la acumulación de grasa. Un programa de ejercicio constante y progresivo debe ser una parte muy importante del plan de adelgazamiento ya que, además de aumentar el gasto de energía y de quemar grasas, es muy beneficioso para el sistema cardiovascular al bajar la presión arterial a largo plazo y dar sensación de bienestar y relajación.
Como mínimo cuatro días a la semana se debe practicar un ejercicio que sea suave (a pesar de que aumente el apetito y haya que controlarlo) y asequible (nadar, caminar o ir en bicicleta). Es preciso saber que el ejercicio de moderada o elevada intensidad está contraindicado en el obeso, pues produce aceleración alta del ritmo cardíaco, sensación de ahogo, aumento de la presión arterial inmediato y sobrecarga del corazón.

Ejercicio y dieta

El ejercicio físico es un tratamiento contra la obesidad que debe ir unido siempre a la dieta, porque existe la tendencia a sobrestimar la cantidad de calorías que se gastan haciéndolo. Por ejemplo, cuatro horas de paseo suponen unas 700 Kcal menos.
En general, se cree que se deben seguir dietas muy estrictas y a la vez practicar mucho ejercicio para adelgazarse y controlar la obesidad, pero a menudo no se tiene en consideración el desgaste energético que supone el deporte.

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12/02/2010

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