¿Pastillas contra el colesterol en la comida rápida?
¿Cómo limitar los daños cardiovasculares derivados de los alimentos demasiado grasos? Distribuyendo pastillas reductoras del colesterol en los establecimientos de Fast food, responden investigadores británicos. Y es que, más que luchar contra la alimentación inapropiada, los científicos proponen atenuar sus efectos.
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¿Qué pensar de esta estrategia? Analizamos la polémica con el doctor Boris Hansel, endocrino del hospital Pitié Salpétrière de París.
A pesar de los enormes avances médicos, las enfermedades cardiovasculares continúan siendo una de las principales causas de mortalidad en los países occidentales. El colesterol alto lo originan factores genéticos pero también ambientales, como la costumbre de comer de manera desequilibrada. Símbolo de esta tendencia es la llamada comida basura, ferozmente criticada por ser demasiado calórica y estar hecha a partir de grasas trans. Para contrarrestar estos efectos nefastos, investigadores ingleses han sugerido la posibilidad de que se distribuyan pastillas para regular el colesterol en los establecimiento de comida rápida.
¿Minimizar los perjuicios de la comida basura en lugar de combatirla?
Según el doctor Francis, del Imperial College de Londres, “todo el mundo sabe que la comida chatarra es mala para la salud pero aun así la gente continúa comiéndola porque sabe bien. Estamos genéticamente programados para preferir los alimentos ricos en calorías y las cadenas de comida rápida seguirán vendiéndolos porque les da beneficios”.
Conscientes de la situación, muchos investigadores británicos han sugerido que estos restaurantes distribuyan comprimidos para bajar el colesterol con el objetivo de compensar el efecto negativo de las hamburguesas, las patatas fritas, etc. “Cuando una persona realiza actividades peligrosas como conducir velozmente o fumar, la incitamos a minimizar los riesgos diciéndole que utilice el cinturón de seguridad o sugiriéndole que compre cigarrillos con filtro. Tomar una pastilla para el colesterol es una manera de reducir los riesgos asociados al consumo de alimentos grasos”, estiman los autores del estudio.
Pragmática o cínica, la propuesta provoca la indignación de Hansel: “Ninguna autoridad sanitaria puede tomarse esta idea en serio. Si no, ¿por qué no entregar un antidiabético con el postre o un antihipertensivo con el paquete de sal?”.
¿Una pastillita con la hamburguesa
El doctor Francis y sus colegas han pasado revista a la literatura científica para evaluar el aumento del riesgo de ataque cardiaco vinculado a la ingesta cotidiana durante un año de una hamburguesa con queso y un batido. Paralelamente, estudiaron la reducción del riesgo utilizando diferentes pastillas para el colesterol. Los resultados mostraron que la mayoría de las pastillas son capaces de compensar el aumento del colesterol provocado por este régimen alimentario. Hansel, no obstante, se muestra contrario a la propuesta: “Este régimen favorece la aparición de numerosas enfermedades frente a las cuales los medicamentos para el colesterol son poco efectivos: obesidad, diabetes, hipertensión, ataques al hígado, apnea del sueño, complicaciones mecánicas como la artrosis, cáncer, demencias… Considerar únicamente el colesterol es muy reductor”.
Según los científicos británicos, algunas pastillas son genéricas y los precios no exceden el de un frasco de ketchup: “Es irónico ver cómo la gente consume sin límite condimentos nocivos para la salud mientras que las pastillas, que son beneficiosas para la salud cardiovascular, deben recetarse”, declara Francis.
Dado que los medicamentos para reducir el colesterol tienen pocos efectos secundarios, muchos de éstos se venden sin receta en las farmacias inglesas. Una situación que Hansel espera no se imite en otros países: “Los efectos secundarios de estas pastillas son raros pero pueden ser graves, sobre todo en el nivel muscular. Aumentar su consumo puede significar que muchas personas que no las necesitan las tomen, incrementando así sus efectos adversos”.
Mejor combatir la comida basura que acompañarla…
Aunque los autores del estudio precisan que las pastillas no deben reemplazar una buena calidad de vida, su propuesta despierta polémica; por un lado, porque estos comprimidos aparentemente inocuos no dejan de ser medicamentos y, por otro, porque lo lógico es luchar contra la mala alimentación en lugar de mitigar sus efectos.
¿Una cuestión de salud pública o económica
Tras la decisión de Inglaterra, en 2004, de dispensar la simvastatina (fármaco para reducir los niveles de colesterol en sangre) sin receta médica, Joël Ménard realizó en 2005 un informe en el que sostenía que “la simvastatina no es más que el primer ejemplo de lo que el avance científico, las fuerzas del mercado y las decisiones sociales preparan para los países industrializados en el siglo XXI”.
La agencia americana que regula los medicamentos (FDA), rechazó en 2007 la demanda del laboratorio Merck que exigía que la lovastatina de 20 miligramos fuera de venta libre en farmacias. Para Hansel, vender estos medicamentos sin el consentimiento del farmacéutico sería peligroso: “Lo imperativo es que estos medicamentos de dispensen siempre acompañados del discurso de un profesional de la salud y no únicamente del discurso del marketing(…)”.
Mejorar la alimentación
Hansel reconoce que este estudio tendrá el mérito de darle vía libre a los extremistas, aquellos que sólo confían en los medicamentos o, por el contrario, los que sostienen que todo se reduce al estilo de vida”. Pero, según él, la prioridad sigue siendo la prevención y no las medidas paliativas que podrían ser contraproducentes, al poder percibirse las pastillas como una invitación a abandonar la alimentación equilibrada.
Frente a las enfermedades cardiovasculares y frente a la obesidad, la diabetes, etc, la prioridad es desarrollar una política educativa que invite al paciente a participar activamente en su propia prevención. Ésta, junto con la mejora en la formación de los profesiones respecto de la prevención y una supervisión más exhaustiva de los productos y los regimenes alimentarios, son, a mi juicio, las medidas prioritarias que deben ponerse en marcha para solventar un problema de salud pública que no deja de aumentar”, concluye Hansel.
D. Bême
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