Panorama de los productos anticolesterol
Desde hace algunos años, los productos destinados a integrarse en un régimen anticolesterol han aparecido en los supermercados. Margarinas, yogures, quesos… hoy en día están especialmente concebidos para ayudarnos a proteger la salud.
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Esteroles, coprostanoles, omega 3, omega 6… analicemos estos productos. Para utilizarlos bien, debemos saber que se dividen en dos grandes grupos: aquellos destinados a toda la familia, en los cuales una parte de las grasas saturadas ha sido reemplazada por grasas insaturadas, y aquellos que, enriquecidos con sustancias activas, se reservan para personas que sufren de hipercolesterolemia.
Proteger su corazón
El estudio de Ancel Keys realizado en los años 50 (Estados Unidos, Japón, Yugoslavia, Países Bajos, Italia, Grecia y Finlandia) establece un vínculo entre consumo excesivo de grasas saturadas y aumento de colesterol sanguíneo. En Finlandia, en los Países Bajos, y también en los Estados Unidos, países en los que las grasas saturadas representaban entre el 18 y 21% del aporte energético total, la mortalidad coronaria (esencialmente infarto del miocardio) era la más elevada. A la inversa, los griegos y los japoneses que consumían mayoritariamente grasas insaturadas, aportadas por el pescado o el aceite de oliva, sufrían mucho menos de hipercolesterolemia y en esos dos países, la mortalidad coronaria era extremadamente débil.
Alimentos mejorados
Para limitar el consumo de grasas saturadas, muchos productores han revisado sus recetas. Han reemplazado en parte las grasas saturadas por grasas insaturadas. A riesgo de modificar la composición nutricional con tal de hacer las cosas bien: la mayoría de esos productos contienen omega 3 y omega 6 en cantidades consecuentes y en proporciones óptimas. En efecto, para que estas grasas poli-insaturadas den lo mejor de sí mismas, la relación entre los omega 6 y 3 debe ser cercana a 5.
De paso, esos alimentos cambian de nombre: por ejemplo, la manteca, cuando contiene grasas de origen vegetal se llama margarina (o pasta para untar).
Las personas que tienen una tasa de colesterol elevada pueden de este modo continuar utilizando manteca en sus recetas y pueden descubrir el placer de saborear un queso. Además, esos productos pueden ser consumidos por toda la familia.
¡Pásate al verde!
Más activa, la segunda familia de productos destinados a integrarse en un régimen anticolesterol está enriquecida con fitoesteroles vegetales. Puede jactarse de hacer bajar significativamente la tasa de colesterol y mostrarlo en el etiquetado. En efecto, los esteroles, así como sus derivados, los coprostanoles, son una especie de colesterol vegetal. Los encontramos naturalmente en ciertos vegetales (soja, colza, palta, nuez, etc.) pero en dosis tan bajas que no tienen influencia en el colesterol. En cantidad suficiente, es decir, 2 o 3 gramos por día, los fioesteroles inhiben la absorción del colesterol intestinal. Una gran parte del colesterol es entonces eliminada por las heces, lo cual permite reducir la hipercolesterolemia. En efecto, después de 3 o 4 semanas de consumo de fitoesteroles, la tasa de colesterol en sangre puede bajar de 10 a 15%, dependiendo de la persona.
Estos “alicamentos” están reservados para personas que sufren de hipercolesterolemia (no son apropiados para los niños, las mujeres embarazadas o en período de lactancia): no están adaptados a aquellas personas cuya tasa de colesterol es normal.
Hélène Huret
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