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Cáncer de útero
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Conización para prevenir el cáncer del cuello del útero

Esta intervención quirúrgica benigna consiste en extirpar una pieza en forma de cono del cuello uterino, a través de la vagina, para diagnosticar y tratar enfermedades del cuello del útero como cáncer o cambios precancerosos.

Razones para realizar el procedimiento

Conización del cuello uterino
© Thinkstock

La conización se practica para extirpar displasias cervicales que podrían evolucionar, al cabo de varios años, en cáncer del cuello del útero. Se trata de una intervención preventiva y por lo tanto sin carácter de urgencia.

Extirpar las displasias como prevención

El procedimiento se realiza después de que una mujer se haya realizado una prueba de Papanicolaou y una colposcopia (2) que revelen la presencia de lesiones -displasias- y que en algunos casos podrían dar origen a un cáncer de útero. Provocados por ciertos virus de la familia del virus de papiloma humano (VPH)  (3), las displasias se califican como CIN (4) de grado I, II y III de acuerdo a su potencial evolutivo.

Las displasias ligeras o CIN I, de grado bajo, recientemente descubiertas, no se deben tratar; solamente se deben controlar con el ginecólogo. La mayoría  desaparece sola. Un 10% aproximadamente evoluciona a la fase II y III (5).

Las displasias moderadas y severas CIN II y III, de grado alto, se califican como lesiones precancerosas. Estas pueden desparecer por sí solas y sin evolucionar, particularmente en las mujeres más jóvenes. Sin embargo, entre un 5% y un 12% de ellas puede degenerar en un cáncer invasivo después de 10 o 15 años. (5-6). La conización se utiliza en estas dos fases.

Una intervención benigna

En los años 90, la conización se realizaba con bisturí y el cirujano extirpaba el cuello del útero totalmente. En la actualidad el procedimiento más utilizado es la extirpación electroquirúrgica de lazo o electrocirugía, que mantiene intacta gran parte del cuello del útero.

La intervención requiere anestesia local o total. Si hay hospitalización, no suele ser de más de un día, dependiendo del criterio del cirujano. "En países como Gran Bretaña o Irlanda, esta intervención se realiza en el consultorio del médico, con anestesia local", precisa el doctor Xavier Carcopino, ginecólogo y obstetra, miembro de la Sociedad francesa de colposcopia y patología cérvico-vaginal (SFCPCV).

El cirujano accede al cuello del útero con la ayuda de un espéculo y por medio de un colposcopio identifica la o las lesiones. El cirujano explica: "El lazo diatérmico se parece a un alambrecillo de cortar mantequilla. Este permite trabajar de una forma más precisa y adaptar la escisión a las dimensiones exactas de la lesión. Es un trabajo a medida".

El análisis citopatológico de las displasias

La porción del cuello del útero extirpado o la biopsia se envía a un citopatólogo para su análisis. Este estudia la lesión y su periferia. Cuando las displasias se han eliminado en su totalidad, los bordes u orillas se consideran sanos.

El doctor Carcopino precisa: "A priori, aunque los bordes no estén sanos, no se indica una nueva intervención. El objetivo es mantener la mayor integridad posible del cuello del útero. La mayoría de las veces el organismo consigue eliminar el tejido lesionado que podría haber quedado". "En menos del 1% de los casos", explica el especialista, "el análisis citopatológico revela una lesión cancerosa insospechada. Este hallazgo permitirá establecer rápidamente un tratamiento, importante para un pronóstico favorable".

La recuperación

La recuperación no suele ser dolorosa porque el cuello del útero tiene poca sensibilidad. Sin embargo, está muy vascularizado, por lo que en las dos primeras semanas posteriores a la intervención es común que se produzcan descargas vaginales con color o pérdidas de sangre. En caso de padecer mucho dolor o pérdidas abundantes es necesario comunicárselo al médico.

Durante las primeras tres o cuatro semanas se recomienda evitar las relaciones sexuales, el uso de tampones, las actividades físicas intensas y los viajes largos. En general, todo aquello que pueda retardar la cicatrización o provocar sangrado.

De tres a seis meses después de la operación es aconsejable una consulta de control para que el médico se asegure de la ausencia de lesiones y de una buena cicatrización. A veces la conización provoca estenosis, un estrechamiento del orificio del cuello que podría dificultar los controles y que es conveniente tratar.

Los controles deben continuar periódicamente. "Las mujeres que han sufrido una conización tienen más riesgo de tener nuevas lesiones", puntualiza el doctor Carcopino. "Entre 3% y 5% de los casos cuando, los bordes están sanos, y entre 15% y 20% cuando no lo están. Es una cuestión de equilibrio entre la virulencia del VPH (3) implicado y la capacidad del organismo para protegerse ".

Mayor riesgo de parto prematuro

La conización no parece tener un efecto en la fertilidad. Sin embargo, las mujeres operadas corren un riesgo dos o tres veces mayor de tener un parto prematuro (7). Esto multiplica las complicaciones asociadas a este tipo de partos, mucho más cuanto más prematuro sea el bebé.

"En las pacientes de una treintena de años es un riesgo que no se debe despreciar", comenta el doctor Carcopino. El riesgo está directamente relacionado con el tamaño de la escisión. De aquí la importancia de preservar al máximo el cuello del útero utilizando la colposcopia para guiar la mano del cirujano".

El riesgo de sufrir de un parto prematuro justifica la espera en los casos de displasias menores. También puede suceder que estas no se consigan distinguir de otras lesiones moderadas. ¿Qué hacer en los casos límite? El doctor puntualiza: "La conización no tiene carácter urgente. Las pacientes pueden obtener información sobre las recomendaciones médicas en función de sus antecedentes médicos y el tipo de lesiones en Internet, hablar con su ginecólogo y, por qué no, pedir una segunda opinión a un médico especialista".

A. Plessis

Fuentes:

1. Datos del Programme de médicalisation du système d'information (PMSI)

2. La colposcopia es un examen que consiste en observar el cuello del útero con ayuda de luz y una lupa de gran aumento o colposcopio.

3. El virus de papiloma humano (VPH) infecta la piel y las mucosas. Existen más de 100 virus, de los cuales 40 pueden infectar los órganos genitales. Algunos de ellos, particularmente los VPH 16 y 18 podrían originar cáncer.

4. CIN, por cervical intraepitelial neoplasia o neoplasia cervical intra-epitelial designa la aparición de un nuevo tejido en la mucosa del útero.

5. Syrjänen KJ. Spontaneous evolution of intraepithelial lesions according to the grade and type of the implicated human papillomavirus (HPV). Eur J Obstet Gynecol Reprod Biol. 1996 Mar;65 (1):45-53. (abstracto accesible en línea).

6. Ostör AG. Natural history of cervical intraepithelial neoplasia: a critical review, J Gynecol Pathol. 1993 Apr;12(2):186-92. (abstracto accesible en línea).

7. Boubli L, Hojai S, Carcopino X et al. Les conséquences des traitements de la pathologie cervicale. Stérilité, complications obstétricales, (se puede cargar en línea en formato Pdf) in Colposcopie et pathologie du col, Mises à jour en Gynécologie-Obstétrique, SFCPCV, 2007

Publicado el 22/03/2012Comentar

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