¿Qué es el alzheimer?
La enfermedad de Alzheimer es un trastorno neurológico crónico que se caracteriza por una degradación irreversible de las capacidades intelectuales. Provoca un estado de demencia. La enfermedad de Alzheimer suele aparecer después de los 65 años (afecta entre el 2 y el 6% de las personas de 65 años y entre el 15 y el 20% de los mayores de 80 años). Con el aumento de la esperanza de vida, se ha convertido en un problema social, debido a la falta de centros de acogida que cuiden a los enfermos.
Causas
Todavía no se conocen, aunque se han formulado hipótesis sobre un posible origen neuroquímico, genético, inmunológico, vírico, vascular o incluso tóxico. La hipótesis de los radicales libres es, actualmente, objeto de investigación. Es posible que estas sustancias, que tienen poder destructivo, estén en el origen del envejecimiento.
Síntomas
Al principio de la enfermedad los síntomas suelen ser leves. Varían según las personas y tienen tendencia a agravarse con el tiempo.
Problemas de memoria. Son los primeros signos, y a veces los únicos, que aparecen al principio de la enfermedad. A menudo, se pasan por alto. Los problemas de memoria afectan primero a los sucesos recientes (p. ej., se olvida el lugar donde se han dejado las llaves). Los pacientes no saben pronunciar u olvidan el nombre de una persona o de un lugar que, por otro lado, les es muy familiar.
Los problemas de orientación en el tiempo y en el espacio se manifiestan progresivamente: el paciente no sabe dónde se encuentra, se pierde fácilmente en su barrio o no llega a decir la fecha del día o del mes. Después, estos problemas afectan a sucesos anteriores (el individuo no recuerda los principales acontecimientos de su vida) y a conocimientos aprendidos en la escuela o relativos al trabajo.
Problemas de comportamiento. Primero son moderados, pero se acentúan progresivamente: agresividad hacia el cónyuge y los hijos, ideas de persecución o, por el contrario, indiferencia y reducción de la actividad, lo que constituye una reacción del paciente ante sus problemas de memoria. También puede caracterizarse por un estado depresivo. Frecuentemente aparecen trastornos del sueño durante la enfermedad, con inversión del ritmo: los pacientes duermen durante el día y están despiertos toda la noche.
Problemas de lenguaje. Al principio, pueden pasar inadvertidos: la persona trata de encontrar palabras, da muchas vueltas para expresar una idea y utiliza palabras comodín. Más adelante, estos problemas no admiten dudas: el discurso resulta incoherente y el enfermo invierte o reemplaza las sílabas o las palabras. Se establecen problemas graves de comprensión.
Problemas de comportamiento motor. El paciente tiene dificultad para realizar los gestos cotidianos más simples (utilizar un tenedor o un cuchillo, vestirse o llevar a cabo la higiene personal), sin que existan
signos de parálisis.
Problemas de reconocimiento de los rostros. El paciente no reconoce el rostro de sus familiares.
Tampoco reconoce su rostro en un espejo.
Diagnóstico
Durante una primera exploración, el médico detecta problemas de memoria importantes. Las pruebas psicológicas ponen también de manifiesto una disminución de las capacidades intelectuales. Este primer diagnóstico es provisional. El médico debe asegurarse de que el paciente no sufre otro tipo de demencia o problemas de memoria asociados a una enfermedad curable.
Una segunda exploración más precisa (escáner y resonancia magnética) revela una disminución del volumen del tejido cerebral (atrofia). De todos modos, el diagnóstico de enfermedad de Alzheimer sólo puede confirmarse con certeza después de la muerte del paciente, si se estudia su cerebro con el microscopio.
Tratamiento
Ningún tratamiento puede disminuir los signos de esta enfermedad ni curarla. Algunos medicamentos reducen los comportamientos agresivos, lo que favorece la estancia del paciente en el hogar.
Otros son eficaces para la pérdida de la memoria, aunque no interrumpen el proceso. Se están llevando a cabo estudios para evaluar la acción de los fármacos que pretenden paliar la carencia de la principal molécula que interviene en los procesos de memorización (la acetilcolina), para intentar retrasar la evolución de la enfermedad.
Recientemente se ha elaborado la hipótesis, que confirman diversas investigaciones, donde se plantea que la enfermedad de Alzheimer podría tener una base genética. Es decir, que podría identificarse un gen (porción de un cromosoma) que estaría alterado en las personas que padecen el trastorno. Esto abre nuevas expectativas en el tratamiento y en la prevención de la enfermedad.
Demencias
En el lenguaje corriente, la palabra demencia significa «locura». Para los médicos, las demencias se caracterizan por un enlentecimiento de las facultades intelectuales, debido a una lesión de las células cerebrales. Se distinguen dos tipos:
Demencias sintomáticas, ligadas a menudo a accidentes vasculares cerebrales; suelen derivar de enfermedades neurológicas u hormonales, de una intoxicación o de una infección.
Demencias degenerativas, por ejemplo, la enfermedad de Alzheimer; no tienen ninguna causa conocida.
Vivir al lado de un enfermo
En ausencia de un medicamento apropiado, el tratamiento sólo lo proporciona la familia, al hacerse cargo del enfermo y recibir ayuda domiciliaria. El enfermo permanece en el hogar familiar el mayor tiempo posible; la hospitalización sólo es necesaria en caso de un estado avanzado de la enfermedad.
Para ayudar a las familias que sufren esta experiencia dolorosa, existen diversas asociaciones de ayuda mutua.
Enfermedad de Alzheimer. Es la causa del 50 al 60 % de las enfermedades degenerativas del cerebro.
Se manifiesta por trastornos de la memoria, el lenguaje, el razonamiento y una dificultad para orientarse en el tiempo y el espacio. Esta alteración no suele aparecer antes de los 60 años. Más del 30 % de las personas mayores de 85 años están afectadas por este trastorno.
No existe tratamiento para la enfermedad de Alzheimer.
Actualmente sólo se utiliza un medicamento para disminuir los signos, pero sólo es eficaz en un reducido número de pacientes. El mantenimiento de la actividad y la estimulación constante del
paciente en los hábitos de la vida diaria son muy recomendables para asegurar la autonomía durante el mayor tiempo posible.
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