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   Septicemia ¿Qué es?
Enfermedades infecciosas
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¿Qué es la septicemia?

Es una infección generalizada, producida por un germen que se extiende por todo el organismo. Siempre es una enfermedad grave, ya que puede ser mortal si no se trata.

La septicemia está asociada al paso de grandes y repetidas cantidades de gérmenes a todo el organismo, con inicio en una infección local. Se desarrolla, generalmente, a partir de un foco infeccioso inicial (p.ej., absceso, infección urinaria o neumonía).
Numerosas bacterias pueden ser responsables de una septicemia; las más frecuentes son los estafilococos, los estreptococos y los colibacilos. Esta infección es más frecuente y más grave en las personas cuyas defensas inmunitarias están debilitadas (inmunodeprimidas), ya que el organismo no llega a superar la multiplicación incontrolada de las bacterias.

Causas de la septicemia

Según la forma de propagación de la infección, se distinguen tres tipos de septicemia. La de origen venoso procede de una infección –no tratada o mal tratada– de la piel, las mucosas o las vísceras. Es la más frecuente.
La de origen linfático proviene de la infección de un ganglio linfático. La difusión de los microorganismos se efectúa por medio de la linfa. Es el caso de la fiebre tifoidea.
La de origen cardíaco se debe a una infección que sufren las válvulas del corazón (endocarditis infecciosa).

Síntomas y complicaciones de la septicemia

La fiebre es elevada, persistente, irregular (en agujas) y con picos máximos –que corresponden al paso de los microorganismos a la sangre– o sin variación (en meseta), en el caso de la septicemia de origen linfático. Rápidamente aparece un debilitamiento general.
Pueden existir otros signos: erupción cutánea, aumento del volumen del bazo (esplenomegalia), ictericia, dolores articulares u óseos, y signos respiratorios.
La complicación más grave es la aparición de un estado de shock infeccioso, a causa de la liberación por parte de los gérmenes de sustancias tóxicas (toxinas) en todo el organismo. Después de una fiebre en agujas con escalofríos, se produce el descenso brusco de la presión arterial (colapso), un enfriamiento cada vez más importante de los pies y de las manos, y una coloración azulada de la piel (cianosis). El shock infeccioso (o séptico) más grave se debe al meningococo (púrpura fulminante).

Diagnóstico de la septicemia

Consiste en detectar la presencia del germen en la sangre, especialmente durante los picos de temperatura (técnica de cultivo de la sangre o hemocultivo). El microorganismo puede buscarse también en la orina, en el líquido cefalorraquídeo (obtenido mediante punción lumbar) y en muestras de todas las lesiones infectadas accesibles (p. ej., punción de un absceso).
El hemocultivo es una técnica particular de análisis de sangre.
Ésta se extrae y se vierte en varios frascos con sustancias nutritivas, que favorecen la multiplicación de los gérmenes y permiten identificarlos. Este cultivo de los gérmenes también permite probar la eficacia de los antibióticos (antibiograma). En caso de fiebre persistente sin causa conocida, se efectúan 2 o 3 hemocultivos cada día, para aumentar las posibilidades de aislar el germen.

Tratamiento de la septicemia

Debido al riesgo de complicaciones, el tratamiento de la septicemia se lleva a cabo en el hospital.
Consiste en la asociación de varios antibióticos, que deben administrarse lo antes posible, a dosis altas y en perfusión intravenosa, durante al menos 15 días. Se mantiene hasta las 4-6 semanas en la endocarditis infecciosa. La eliminación quirúrgica del foco infeccioso no siempre puede realizarse. El shock infeccioso requiere una hospitalización urgente en un servicio de cuidados intensivos.

Perfusión

El procedimiento que permite la inyección lenta de líquido en la circulación sanguínea es la perfusión.
La perfusión en la vena, o «gota a gota», se utiliza para aportar sangre o para reemplazar o mantener los líquidos del organismo en los pacientes que no pueden beber ni alimentarse. También se emplea para aportar alimentos más variados y más concentrados a una persona incapaz de digerir normalmente o para administrar medicamentos. El líquido contenido en un recipiente fluye por un fino tubo de plástico (catéter), que está insertado en una vena, generalmente del antebrazo. La velocidad de la perfusión se regula por medio de una bomba.

Endocarditis infecciosa

Es la infección de origen bacteriano de la pared interna del corazón (endocardio) y de las válvulas cardíacas. Es una enfermedad grave, debido al riesgo de complicaciones cardíacas. Este tipo de enfermedad infecciosa aparece, generalmente, después de una intervención quirúrgica o una intervención bucodental, sobre todo en las personas que padecen un soplo cardíaco por una malformación o una lesión de una válvula, o que son portadoras de una prótesis valvular (válvula mecánica). La endocarditis infecciosa también es frecuente en los toxicómanos que se administran las drogas sin esterilizar las jeringas. La prevención en las personas portadoras de una prótesis valvular o en los pacientes que sufren una enfermedad de las válvulas consiste en administrar un tratamiento antibiótico (en general, penicilina), antes de efectuar cualquier intervención quirúrgica, especialmente bucodental (extracción o desvitalización dental y limpieza bucal). En este caso, el dentista administra antibióticos una sola vez, 1 hora antes de la intervención. En otros casos, el tratamiento se inicia en perfusión en el momento de la operación y se repite 6 horas después de finalizarla.

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