Inicio  
  
  
   Por qué se fuma
Buscar

Diccionario médico
  • Todas las definiciones
Servicios
  • Listas de boda
Dejar de fumar
Commentar

Por qué se fuma

El consumo de cigarrillos aparece más allá del estricto acto de fumar: aspirar el humo por medio del filtro y tragarse una buena parte de él. Como una forma de representación simbólica de atributos, aparece tradicionalmente investido de cualidades tales como independencia, autonomía respecto a la familia, modernidad, potencia sexual, extroversión, capacidad de generar relaciones sociales, poder económico, etc.

Por qué se fuma
© Thinkstock

Las relaciones sociales

En las reuniones con el grupo de amigos o compañeros, el tabaco circula como un vehículo de complicidad, de pacto entre iguales. Cuando en un ambiente concreto casi todos fuman, a la adolescente le resulta bastante difícil mantener una postura diferente porque, aunque ella no lo ha comprado, se lo ofrecen y decir que no puede asociarse a un rechazo hacia los demás, en un punto similar al que sucede con el alcohol.
En las primeras salidas y encuentros sociales lejos de la familia, las jóvenes se inician en el consumo de tabaco que empieza por algún cigarrillo suelto de vez en cuando, pero luego, progresivamente, se instala como un hábito regular, una vía de escape a la sensación de control por parte de los padres (cuando fuman a escondidas en el baño o en el portal de su casa). Significa también capacidad para seducir sexualmente y una actitud reivindicativa de su equiparación con el varón.

Influencia del entorno familiar

Las hijas de madres y padres fumadores tienen mayor probabilidad de ser también fumadoras debido a un factor de identificación. Cuando desde la primera infancia los niños han vivido en su hogar los efectos del consumo de tabaco, han sido testigo de cómo sus padres, sobre todo su madre, fumaban como un hábito normal y han interiorizado unas imágenes que forman parte de su percepción inicial de cómo viven los adultos, las mujeres en concreto.
Si uno de los dos ha sido fumador pero lo ha abandonado más tarde, también esa experiencia formará parte de la historia de la hija y ella la registrará como un hecho positivo que lleva implícito un mensaje: es bueno cuidar la propia salud. Esto no significa que necesariamente las hijas de padres fumadores tengan que «heredar» esa costumbre, pero sí existe mayor riesgo debido al proceso de tomar como modelo a la propia madre, por ejemplo, en ese aspecto y otros. Las madres fumadoras han de ser conscientes del riesgo que comporta fumar, no sólo para su salud sino para la de sus hijos, pues los convierte en fumadores pasivos y ello incide en detrimento de su salud física.

Las fumadoras pasivas

Los riesgos para la salud en los casos en que la mujer no es una fumadora habitual no han de ser dejados de lado, ya que muchas mujeres han logrado abandonar el hábito del tabaco, sobre todo, por las secuelas negativas que comporta para su salud, pero se hallan expuestas a inhalar el humo de los fumadores que la rodean ya sea en la familia, en el trabajo, etc. Es importante que una joven o una mujer adulta sepa pedir que no fumen cerca de ella si eso le molesta, porque muchas veces, temiendo herir sensibilidades, soporta situaciones incómodas además del riesgo que supone para su propia salud, ya que el denominado humo ambiental que se respira habitualmente ha sido declarado cancerígeno en 1993 por la Agencia de Protección Ambiental (Estados Unidos).

Embarazo y tabaco

La mujer, cuando sabe que espera un bebé (incluso un tiempo antes de quedarse embarazada si lo está intentando), debe poner los medios necesarios para interrumpir el consumo de tabaco, ya que perjudica seriamente el correcto desarrollo del feto y puede producir secuelas posteriores.
Después del parto tampoco es conveniente crear un ambiente contaminado que tengan que respirar tanto la madre como el bebé. A muchas mujeres que han dejado de fumar ante el hecho de ser madres les ha servido como motor de cambio y lo han dejado también en el tiempo posterior a la crianza de los niños.
En esta situación se percibe claramente cómo el principio de cuidar y cuidarse prevalece frente al hábito instaurado.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo están presentes tanto para el hecho de empezar a fumar como para recaer después de haber abandonado el hábito durante cierto tiempo:

  • Estados de ansiedad, situaciones de estrés, sobrecargas de trabajo...
  • Problemas familiares o de pareja: relaciones difíciles, pérdidas afectivas...
  • Estados de depresión, baja autoestima, insatisfacción laboral o sexual...
  • Sensación de inseguridad en situaciones de carácter social, inhibición para expresarse en general o con el sexo contrario...

Publicado el 12/02/2010Comentar

Más información sobre este tema:


Newsletter


ciao

El test destacado

¿Y si fuera Alzheimer?

Test Salud y Bienestar

¿Y si fuera Alzheimer?

Calcula tu I.M.C
Calcula tu prcentaje de grasa corporal
Calcula tu peso ideal